Fragmento de “El Hurakán” por Germán Castro Caycedo.

La Rubiera, Colombia. 500 años después de Colón.

 (…) A lo largo del proceso, los acusados han tenido varias entrevistas con los jueces. De ellas sobresalen algunas que extractamos del expediente en forma textual:

Juez: “¿No cree que matar indios es delito?”

Sogamoso: “Yo no creí que fuera malo ya que son indios”.

Juez: “¿Antes había matado indios?”

Torrealba: “He matado antes indios y los enterré en el sitio llamado el Garcero”.

Juez: “¿Qué otras personas han participado en la matanza de indios?”.

González: “Antes don Tomás Jara mandaba matar a los indios. Por eso ese día yo maté a esos indios porque sabía que el gobierno no los reclamaba ni hacían pagar el crimen que se cometía”.

Juez: “¿Qué le enseñaron del indio?”.

Morín: “Pues allá los catalogan como animales salvajes”.

Juez: “¿Y quién se lo enseñó?”-

Morín: “Pues desde chiquito. Me enseñaron que ellos son muy distintos a uno”.

Juez: “¿Por qué lo hizo?”.

Garrido: “Porque yo desde niño me di cuenta que todo el mundo mataba indios: la policía, el ejército y la marina, allá en el Orinoco mataban a los indios y nadie se los cobraba”.

Juez: “¿Qué piensa de los indios?”

María Elena: “Son igual que un cristiano pero les falta lo que a uno: la civilización”.

Juez: “Ajá. ¿Y usted cuando se civilizó?”.

María Elena: “En estos cuatro años. Aquí en la cárcel”.

 Definitivamente Salvador de Madariaga se centró en la realidad cuando describió así el amanecer del 13 de octubre de 1492:

 “La tierra estaba quieta, viviendo su ensueño matinal como lo había hecho durante tantos siglos, en bendita ignorancia de lo que significaba aquella mañana fatal que cerraba para siempre una era de paz en los jardines de su alma. Las carabelas se iban acercando a la costa; quebradas, manigua, troncos de árboles extraños, roce de alas de pájaros que se asustan… La isla comenzaba a entregarse a los intrusos, todavía medio dormida, medio en sueños. Gritó un papagayo, un puñado de hombres ligeros y desnudos bajó corriendo hacia la arena y se quedó parado en asombro ante las velas fantásticas. El ensueño de la isla se había desvanecido para siempre. Había muerto una era”.

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